Extraido de algún diario de hoy, en los que se recoge esta noticia:
"El Bloque Nacionalista Galego (BNG) propone que se elimine la disposición que regula el juramento o promesa ante la bandera de España por entender que hay que "suprimir fórmulas arcaicas de ensalzamiento de valores que deberían ser superados en la actualidad"
Sí, puede que tenga razón. A partir de ahora que lo hagan con el mástil bien incrustado en el esfínter anal, de tal forma que la sientan "bien adentro".
Bromas aparte, semejante insulto debería ser contestado con un manotazo en la mesa y un "¡ya está bien!", pero no, porque respetando la libertad de expresión, se puede insultar todo lo que tenga origen español.
Perdonad el tono, pero a falta de quien me represente en el Parlamento, yo también ejerzo mi libertad de expresión.
Y suma y sigue....
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jueves, 27 de septiembre de 2007
martes, 18 de septiembre de 2007
VUELVE CURRO JIMÉNEZ
Don Alfonso López Tena, ilustre saguntino y catalán de adopción, juez del Consejo General del Poder Judicial (¡ahí es na!), por mor de la Justicia y el bien de Cataluña (con 'ñ', que para eso tenemos esa letra en el abecedario), cual francés en la serie televisiva de hace más de veinticinco años y que dio fama a Sancho Gracia, ha descubierto que, tristemente y una vez más, Cataluña (con 'ñ'...) es expoliada y violada por ese estado inexistente que es España. Seguramente de la mano de Curro Jiménez, héroe nacional a la altura de Manolete. Solamente él, un español castizo de pura cepa sería capaz de robarles a estos catalanes-nacionalistas-afrancesados (perdón por el símil, pero me hacía falta para la historia que estoy contando) y provocarles semejante rabieta. Pero claro, a mí todo esto me produce indignación y mal humor. Así que voy a intentar buscar la lógica en todo esto y ver si Don Alfonso López Tena tiene razón en lo que dice.Juguemos a los silogismos: Cataluña está en España. Cataluña es robada por España. Los catalanes-nacionalistas dicen que España no existe como nación. Los catalanes-nacionalistas siempre tienen razón, porque cuando se quejan, se les escucha y atiende -luego es que tienen razón-, por lo tanto, España no existe. Si España no existe, Cataluña ¡NO PUEDE SER ROBADA POR ESPAÑA! Pero es que aún es más rocambolesco todo esto: si España no existe (y recuerdo los diagramas de Venn que nos enseñaron en el colegio), ¡CATALUÑA TAMPOCO PUEDE EXISTIR! Y ahora lo mejor de todo: si Don Alfonso López Tena está en Cataluña, pero Cataluña no existe, DON ALFONSO LÓPEZ TENA TAMPOCO EXISTE.
¿Ven? Ya me quedo más tranquilo.
Suerte que, a veces, la lógica sirve para algo.
Buenos días.
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martes, 27 de marzo de 2007
Una ilusión particular.
Tengo estos días muchos pensamientos que me rondan la cabeza, acerca de la situación que vivimos en España, políticamente hablando. No he visto nunca echar tanta leña al fuego por parte de un gobierno, el cual acusaba al anterior de crispar, atacando a la oposición pregonando auténticas barbaridades. Y mientras gastan saliva ministros, secretarios y otros, vociferando acerca de los Jinetes del Apocalipsis que, según sus verborreas, cabalgan portando las siglas del Partido Popular, van desgarrando poquito a poco la dignidad, la historia, la convivencia y la sociedad de este país hermoso como pocos, rico en cultura y paisajes, en flora y en fauna, en pueblos y ciudades, en lenguas y costumbres que es España.
Pactan con fuerzas minoritarias y ambiciosas planes estatutarios diferenciadores, pero parásitos del estado del que reniegan. Pactan con grupos terroristas proyectos políticos y no les importa que en la mesa el papel se empape de la sangre de las víctimas que van acumulando, cual verdugo durante la Revolución Francesa, los terroristas compañeros de mantel y cubierto. Pactan con fuerzas políticas minoritarias, en recuento de voto, (independientemente de su ideario), ocupando poco más de la mitad de la sociedad española (aunque no todos digan serlo), para ofuscar, para hacer desaparecer bajo un manto de acusaciones, cada cual más disparatada, al partido político que antes ocupara el cargo del Gobierno de la Nación, vilipendiándolo como si fuera un veneno para la sociedad. En definitiva, desprecian a casi la mitad del pensamiento ciudadano que formamos millones de españoles actualmente. Aunque pondría la mano en el fuego que en realidad somos muchos más.
Dudo mucho que entre tanto despropósito haya alguna razón, mínima siquiera, que lo justifique. Es así como he llegado a la conclusión, que coincide con los comentarios que escuché hace poco en una tertulia radiofónica, que desde el gobierno no conocen otra forma de tapar sus propias vergüenzas. Tienen tan poco de lo que alardear o publicitar de sus tres años de gobierno que, a falta de promocionarse, practican el acoso y derribo de la fuerza política que les puede turnar en el difícil cometido de dirigir un país: Si uno no sube, que el otro se hunda; así siempre se les verá más arriba, o más altos.
Es por esto que cada día que les oigo gritar, insultar o amenazar, desde el gobierno, desde el partido socialista, o desde algunos medios de comunicación (que deberían avergonzarse de su descaro), que mis principios personales adquieren cada día más firmeza.
Y estos principios apoyan al que muestra cordura, aplomo y fortaleza en los mismos sentimientos patrióticos que yo tengo. Veo en el discurso que escuché un diez de marzo una declaración de principios que permiten pensar que la paz social, que la fortaleza de las instituciones, que la prosperidad de los ciudadanos de este país, que la unidad de todos los españoles y de sus pueblos tienen un futuro posible.
Y la fuerza política que es el Partido Popular hoy en día representa esos principios.
Confío en que todos estos deseos tengan lugar prontamente. Pero para ello hay que seguir trabajando e ilusionando a la sociedad. Para convencer a los que dudan de a quién votar, o de ir a votar. Hay que mantenerse ilusionados, para transmitir esa ilusión y ese optimismo a la sociedad. El bonito paisaje que formaban las miles de banderas españolas aquel diez de marzo, alzándose todas a una para ondear extendidas al viento, cuando la primera brisa sopló por encima de los presentes, mientras Don Mariano Rajoy pronunciaba su discurso me trajo una esperanza que aún no se me ha apagado, y que dudo que se apague si continúo teniendo un motivo para ir a las urnas esta primavera y el año próximo.
Pactan con fuerzas minoritarias y ambiciosas planes estatutarios diferenciadores, pero parásitos del estado del que reniegan. Pactan con grupos terroristas proyectos políticos y no les importa que en la mesa el papel se empape de la sangre de las víctimas que van acumulando, cual verdugo durante la Revolución Francesa, los terroristas compañeros de mantel y cubierto. Pactan con fuerzas políticas minoritarias, en recuento de voto, (independientemente de su ideario), ocupando poco más de la mitad de la sociedad española (aunque no todos digan serlo), para ofuscar, para hacer desaparecer bajo un manto de acusaciones, cada cual más disparatada, al partido político que antes ocupara el cargo del Gobierno de la Nación, vilipendiándolo como si fuera un veneno para la sociedad. En definitiva, desprecian a casi la mitad del pensamiento ciudadano que formamos millones de españoles actualmente. Aunque pondría la mano en el fuego que en realidad somos muchos más.
Dudo mucho que entre tanto despropósito haya alguna razón, mínima siquiera, que lo justifique. Es así como he llegado a la conclusión, que coincide con los comentarios que escuché hace poco en una tertulia radiofónica, que desde el gobierno no conocen otra forma de tapar sus propias vergüenzas. Tienen tan poco de lo que alardear o publicitar de sus tres años de gobierno que, a falta de promocionarse, practican el acoso y derribo de la fuerza política que les puede turnar en el difícil cometido de dirigir un país: Si uno no sube, que el otro se hunda; así siempre se les verá más arriba, o más altos.
Es por esto que cada día que les oigo gritar, insultar o amenazar, desde el gobierno, desde el partido socialista, o desde algunos medios de comunicación (que deberían avergonzarse de su descaro), que mis principios personales adquieren cada día más firmeza.
Y estos principios apoyan al que muestra cordura, aplomo y fortaleza en los mismos sentimientos patrióticos que yo tengo. Veo en el discurso que escuché un diez de marzo una declaración de principios que permiten pensar que la paz social, que la fortaleza de las instituciones, que la prosperidad de los ciudadanos de este país, que la unidad de todos los españoles y de sus pueblos tienen un futuro posible.
Y la fuerza política que es el Partido Popular hoy en día representa esos principios.
Confío en que todos estos deseos tengan lugar prontamente. Pero para ello hay que seguir trabajando e ilusionando a la sociedad. Para convencer a los que dudan de a quién votar, o de ir a votar. Hay que mantenerse ilusionados, para transmitir esa ilusión y ese optimismo a la sociedad. El bonito paisaje que formaban las miles de banderas españolas aquel diez de marzo, alzándose todas a una para ondear extendidas al viento, cuando la primera brisa sopló por encima de los presentes, mientras Don Mariano Rajoy pronunciaba su discurso me trajo una esperanza que aún no se me ha apagado, y que dudo que se apague si continúo teniendo un motivo para ir a las urnas esta primavera y el año próximo.
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