Mostrando entradas con la etiqueta perejil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perejil. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de noviembre de 2007

Meando fuera del tiesto

Esta mañana he ido a dar un beso a mi hijo que estaba estudiando en su habitación y, por la cara que ha puesto, diría que le ha alegrado. Después he ido a hacer lo mismo con el más pequeño que estaba, también en su habitación, haciendo surf como loco en su Play Station. Lo curioso del tema es que la vecina de al lado, la de la letra B, se ha cabreado conmigo y ha empezado a dar gritos desde su terraza berreando no se qué bobadas. Si llamamos a mi hijo mayor Ceuta, Melilla al pequeño y Mohamed VI a mi vecina gruñona, habremos saltado de la metáfora a la absurda realidad.

No me voy a extender demasiado acerca de la conveniencia de conservar Ceuta, Melilla, las Chafarinas, el peñón Vélez de la Gomera o el islote Perejil (hoy me he enterado que se cree que su nombre proviene de una deformación de Pérez Gil, toma ya), pero sí en la inconveniencia del rey de Marruecos que ha llamado a consultas a su embajador en España.

Si a nosotros nos molesta que los hijos de la Pérfida Albión mantengan sus posaderas sobre nuestro peñón de Gibraltar, es lógico comprender el cabreo alahuita por nuestro empeño en conservar nuestras parcelitas africanas. Unos terruños, por cierto, que no nos aportan ná de ná y que suponen un agujero negro en las arcas del estado o, dicho de otra forma, pagamos un güebo para que nuestros soldaditos estén por allí defendiendo cuatro piedras, mandamos helicópteros con víveres, agua, medicamentos... cada dos por tres y ¿qué obtenemos a cambio? Supongo que no serán productos hortofrutícolas ni ganaderos, no. ¡Ah, claro! Son enclaves estratégicos para vigilar la entrada del Mediterráneo, fundamentales en la época en la que los satélites nos leen hasta la etiqueta de los calzoncillos (por cierto, ¿por qué no hacen lo mismo con las pateras?). En fin, como podéis deducir del párrafo anterior, soy de la opinión de devolver al moro todo aquello, incluidas Ceuta y Melilla, pero este es otro tema.

Lo que en verdad me ha cabreado ha sido la reacción de Mohamed VI. Guste o no, hoy por hoy todos aquellos territorios son españoles y ¿qué tiene que decir nadie si el rey de España quiere visitarlos? Absolutamente nada.

Menos mal que la enérgica reacción del gobierno español no se ha hecho esperar... ¡ah, no! que están de puente y no se les puede molestar. Marruecos retira a su embajador y desde nuestro Ministerio de Exteriores se dice que no se piensa tomar ninguna medida. ¡Coño, ya está bien! Una cosa es que nuestros gobernantes se marchen de picnic a la menor ocasión con sus amigos venezolanos, bolivianos o cubanos, pero ¿ni una sola reacción al insulto del moro? ¿Es que les gusta que nos meen en la chepa? Nontiendoná.

En vez de llenársenos la boca con cooperaciones, ayudas y zarandajas, debíamos cantar las cuarenta a estos descerebrados. Ya sabemos que el mundo árabe radical nos la tiene jurada y estos vecinitos sureños no son nada de fiar a este respecto. Que cierren la puerta en Algeciras, que expulsen a todos los que hay aquí que no justifiquen un medio de vida honrado, que le aprieten las tuercas al Mohamed VI y verás cómo deja de armar tanto ruido.

En fin, como sé que Moratinos nos lee cada día y toma nota, puedo suponer lo que hará el lunes cuando vuelva del puente.