Cuatro entradas más abajo criticábamos a Mohamed VI por mear fuera del tiesto con sus acciones y comentarios fuera de lugar a propósito de la visita de los reyes de España a Ceuta y Melilla. Ya decíamos entonces que la "fortaleza" y la reacción de nuestro gobierno no se haría esperar: han comprado la fregona.Mohamed VI ha roto en delirios soberanistas y ha azuzado a su pueblo, una vez más, en contra de España. Reclama los derechos "históricos" sobre Ceuta, Melilla y nada menos que las Islas Canarias (lo extraño es que no reclame a Portugal las Azores). Y no lo ha hecho de manera relajada, qué va, ha efectuado declaraciones y amenazas que resultan intolerables y que pueden acarrear desagradables consecuencias.
No vamos a criticar aquí la falsedad argumental marroquí tildando de colonización la ocupación de Ceuta y Melilla. Eso les sirve para soliviantar a sus masas, por lo general incultas y ávidas por atacar al norteño infiel, pero cualquiera que hurgue en los libros de historia podrá rebatir con facilidad esas premisas. Lo preocupante es la insensatez de un dirigente que no tiene el más minimo reparo en volver a prender mechas que deberían estar mojadas.
De casta le viene al galgo. Su padre ya organizó la Marcha Verde, que ahora tanto celebran, aprovechando el momento de incertidumbre política que se vivía en España con un dictador moribundo. Sus desplantes y amenazas hacia España también fueron periódicos como si obedeciesen a los compases de una estudiada partitura. Sin embargo, la monarquia alauita se olvida de que son ellos los que permanecen en la ocupación ilegal del territorio saharaui, nunca avalada por Naciones Unidas y en claro conflicto con el derecho internacional.
Lo cierto es que estos alaridos calmarán en breve. Mohamed VI es un dictador pero no es tonto. Sabe perfectamente que además de sus tradicionales aliados franceses, si quiere mantener o mejorar sus relaciones con la Unión Europea, estas pasan indefectiblemente por Madrid. Marruecos depende de Europa en buena medida y no se puede permitir estropear su primer nexo con ella.
Sin embargo, se echa en falta una respuesta más enérgica por parte del gobierno y la diplomacia españoles. Las amenazas proferidas por el monarca marroquí no han sido siquiera contestadas. Mohamed VI afirmaba, sin rubor alguno, que la visita de nuestros reyes a Ceuta y Melilla constituye un "acto nostálgico de una era sombría y decididamente superada". Su monarquía, en plena era de luz, no proyecta sombra alguna sobre un pueblo sin necesidades de superación. (Me recuerda a la constante del discurso socialista de acusar a los demás de sus propios defectos). Y amenaza con que España debe asumir las consecuencias de estos hechos (otro enlace). Intolerable.
Este discurso, como ya advertía, sólo puede prender mechas de fanatismo que a nada bueno conducen. Fanatismo en ambas direcciones pues si los marroquíes "nos tienen ganas" no es menos cierto que el sentimiento xenófobo hacia ellos también está creciendo en España, alentado por la ingente cantidad de marroquíes sin oficio que vaga por nuestras calles. Reacciones como las de Yahya Yahya -así llamaba yo a mi abuela en mi más tierna infancia-, un senador marroquí que también ha miccionado a kilómetros del orinal al afirmar que "derramarán hasta la última gota de sangre defendiendo a su tierra" y que en el 2015 la bandera marroquí ondeará en las Plazas de Mohamed VI, las que hoy son Plazas de España de Ceuta y Melilla. El pollo en cuestión pronostica un desastre para España peor que el de Annual. Leed un extracto de sus declaraciones aquí, no tienen desperdicio. En definitiva, un exaltado más pero que puede encontrar respuesta en las miles de mentes calenturientas ávidas de notoriedad... o de inmolarse para alcanzar su cielo rebanando la vida al infiel.
Después de haber sido profusamente orinados en la chepa, nuestra respuesta ha sido humilde y moderada: nos hemos remangado y aplicamos la fregona. Moratinos ha justificado al marroquí porque "cada país defiende lo suyo". Nuestro ministro más chocho debe entende
r que "lo suyo" es Ceuta y Melilla, si no no se entiende. Claro que él contrarrestaba la crisis asistiendo en suelo marroquí a un concierto de El Lebrijano, justo cuando Mohamed VI retiraba su representación diplomática en España. Zapatero, por su parte, avisó a Rajoy antes de la visita asegurando que todo estaba perfectamente controlado con Marruecos, algo que se ha demostrado absolutamente falso. Posteriormente sólo se ha preocupado de afirmar que nuestras relaciones con Marruecos son "tranquilas".A este paso, cuando la república árabe independiente de Alpilpil se decida a invadir Al-Andalus, nuestro gobierno declarará que lo hacen de forma amistosa y tranquila, programará un concierto de la Pantoja en exaltación de la Alianza de las Civilizaciones y les invitará a continuar Despeñaperros arriba en un alarde de tolerancia y buen rollito.
