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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Los de la fregona


Cuatro entradas más abajo criticábamos a Mohamed VI por mear fuera del tiesto con sus acciones y comentarios fuera de lugar a propósito de la visita de los reyes de España a Ceuta y Melilla. Ya decíamos entonces que la "fortaleza" y la reacción de nuestro gobierno no se haría esperar: han comprado la fregona.

Mohamed VI ha roto en delirios soberanistas y ha azuzado a su pueblo, una vez más, en contra de España. Reclama los derechos "históricos" sobre Ceuta, Melilla y nada menos que las Islas Canarias (lo extraño es que no reclame a Portugal las Azores). Y no lo ha hecho de manera relajada, qué va, ha efectuado declaraciones y amenazas que resultan intolerables y que pueden acarrear desagradables consecuencias.

No vamos a criticar aquí la falsedad argumental marroquí tildando de colonización la ocupación de Ceuta y Melilla. Eso les sirve para soliviantar a sus masas, por lo general incultas y ávidas por atacar al norteño infiel, pero cualquiera que hurgue en los libros de historia podrá rebatir con facilidad esas premisas. Lo preocupante es la insensatez de un dirigente que no tiene el más minimo reparo en volver a prender mechas que deberían estar mojadas.

De casta le viene al galgo. Su padre ya organizó la Marcha Verde, que ahora tanto celebran, aprovechando el momento de incertidumbre política que se vivía en España con un dictador moribundo. Sus desplantes y amenazas hacia España también fueron periódicos como si obedeciesen a los compases de una estudiada partitura. Sin embargo, la monarquia alauita se olvida de que son ellos los que permanecen en la ocupación ilegal del territorio saharaui, nunca avalada por Naciones Unidas y en claro conflicto con el derecho internacional.

Lo cierto es que estos alaridos calmarán en breve. Mohamed VI es un dictador pero no es tonto. Sabe perfectamente que además de sus tradicionales aliados franceses, si quiere mantener o mejorar sus relaciones con la Unión Europea, estas pasan indefectiblemente por Madrid. Marruecos depende de Europa en buena medida y no se puede permitir estropear su primer nexo con ella.

Sin embargo, se echa en falta una respuesta más enérgica por parte del gobierno y la diplomacia españoles. Las amenazas proferidas por el monarca marroquí no han sido siquiera contestadas. Mohamed VI afirmaba, sin rubor alguno, que la visita de nuestros reyes a Ceuta y Melilla constituye un "acto nostálgico de una era sombría y decididamente superada". Su monarquía, en plena era de luz, no proyecta sombra alguna sobre un pueblo sin necesidades de superación. (Me recuerda a la constante del discurso socialista de acusar a los demás de sus propios defectos). Y amenaza con que España debe asumir las consecuencias de estos hechos (otro enlace). Intolerable.

Este discurso, como ya advertía, sólo puede prender mechas de fanatismo que a nada bueno conducen. Fanatismo en ambas direcciones pues si los marroquíes "nos tienen ganas" no es menos cierto que el sentimiento xenófobo hacia ellos también está creciendo en España, alentado por la ingente cantidad de marroquíes sin oficio que vaga por nuestras calles. Reacciones como las de Yahya Yahya -así llamaba yo a mi abuela en mi más tierna infancia-, un senador marroquí que también ha miccionado a kilómetros del orinal al afirmar que "derramarán hasta la última gota de sangre defendiendo a su tierra" y que en el 2015 la bandera marroquí ondeará en las Plazas de Mohamed VI, las que hoy son Plazas de España de Ceuta y Melilla. El pollo en cuestión pronostica un desastre para España peor que el de Annual. Leed un extracto de sus declaraciones aquí, no tienen desperdicio. En definitiva, un exaltado más pero que puede encontrar respuesta en las miles de mentes calenturientas ávidas de notoriedad... o de inmolarse para alcanzar su cielo rebanando la vida al infiel.

Después de haber sido profusamente orinados en la chepa, nuestra respuesta ha sido humilde y moderada: nos hemos remangado y aplicamos la fregona. Moratinos ha justificado al marroquí porque "cada país defiende lo suyo". Nuestro ministro más chocho debe entender que "lo suyo" es Ceuta y Melilla, si no no se entiende. Claro que él contrarrestaba la crisis asistiendo en suelo marroquí a un concierto de El Lebrijano, justo cuando Mohamed VI retiraba su representación diplomática en España. Zapatero, por su parte, avisó a Rajoy antes de la visita asegurando que todo estaba perfectamente controlado con Marruecos, algo que se ha demostrado absolutamente falso. Posteriormente sólo se ha preocupado de afirmar que nuestras relaciones con Marruecos son "tranquilas".

A este paso, cuando la república árabe independiente de Alpilpil se decida a invadir Al-Andalus, nuestro gobierno declarará que lo hacen de forma amistosa y tranquila, programará un concierto de la Pantoja en exaltación de la Alianza de las Civilizaciones y les invitará a continuar Despeñaperros arriba en un alarde de tolerancia y buen rollito.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Meando fuera del tiesto

Esta mañana he ido a dar un beso a mi hijo que estaba estudiando en su habitación y, por la cara que ha puesto, diría que le ha alegrado. Después he ido a hacer lo mismo con el más pequeño que estaba, también en su habitación, haciendo surf como loco en su Play Station. Lo curioso del tema es que la vecina de al lado, la de la letra B, se ha cabreado conmigo y ha empezado a dar gritos desde su terraza berreando no se qué bobadas. Si llamamos a mi hijo mayor Ceuta, Melilla al pequeño y Mohamed VI a mi vecina gruñona, habremos saltado de la metáfora a la absurda realidad.

No me voy a extender demasiado acerca de la conveniencia de conservar Ceuta, Melilla, las Chafarinas, el peñón Vélez de la Gomera o el islote Perejil (hoy me he enterado que se cree que su nombre proviene de una deformación de Pérez Gil, toma ya), pero sí en la inconveniencia del rey de Marruecos que ha llamado a consultas a su embajador en España.

Si a nosotros nos molesta que los hijos de la Pérfida Albión mantengan sus posaderas sobre nuestro peñón de Gibraltar, es lógico comprender el cabreo alahuita por nuestro empeño en conservar nuestras parcelitas africanas. Unos terruños, por cierto, que no nos aportan ná de ná y que suponen un agujero negro en las arcas del estado o, dicho de otra forma, pagamos un güebo para que nuestros soldaditos estén por allí defendiendo cuatro piedras, mandamos helicópteros con víveres, agua, medicamentos... cada dos por tres y ¿qué obtenemos a cambio? Supongo que no serán productos hortofrutícolas ni ganaderos, no. ¡Ah, claro! Son enclaves estratégicos para vigilar la entrada del Mediterráneo, fundamentales en la época en la que los satélites nos leen hasta la etiqueta de los calzoncillos (por cierto, ¿por qué no hacen lo mismo con las pateras?). En fin, como podéis deducir del párrafo anterior, soy de la opinión de devolver al moro todo aquello, incluidas Ceuta y Melilla, pero este es otro tema.

Lo que en verdad me ha cabreado ha sido la reacción de Mohamed VI. Guste o no, hoy por hoy todos aquellos territorios son españoles y ¿qué tiene que decir nadie si el rey de España quiere visitarlos? Absolutamente nada.

Menos mal que la enérgica reacción del gobierno español no se ha hecho esperar... ¡ah, no! que están de puente y no se les puede molestar. Marruecos retira a su embajador y desde nuestro Ministerio de Exteriores se dice que no se piensa tomar ninguna medida. ¡Coño, ya está bien! Una cosa es que nuestros gobernantes se marchen de picnic a la menor ocasión con sus amigos venezolanos, bolivianos o cubanos, pero ¿ni una sola reacción al insulto del moro? ¿Es que les gusta que nos meen en la chepa? Nontiendoná.

En vez de llenársenos la boca con cooperaciones, ayudas y zarandajas, debíamos cantar las cuarenta a estos descerebrados. Ya sabemos que el mundo árabe radical nos la tiene jurada y estos vecinitos sureños no son nada de fiar a este respecto. Que cierren la puerta en Algeciras, que expulsen a todos los que hay aquí que no justifiquen un medio de vida honrado, que le aprieten las tuercas al Mohamed VI y verás cómo deja de armar tanto ruido.

En fin, como sé que Moratinos nos lee cada día y toma nota, puedo suponer lo que hará el lunes cuando vuelva del puente.