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jueves, 15 de noviembre de 2007

Río revuelto, ganancia de socialistos

Nuestros amigos socialistas siguen ejemplificando a la perfección la figura de la hiena oportunista y carroñera que acude rauda a la menor oportunidad de arrancar un furtivo bocado. Ya hemos hablado en numerosas ocasiones de su falta de moral y de la poca importancia que le conceden a la verdad así que no es de extrañar su comportamiento alrededor de la operación "guateque". Alguno debió creer, seguro, que el nombre policial de la operación era un buen augurio, le resultaría propicio y los hados le ayudarían a "ligar" en tal sarao. Todos sabemos lo ocurrido ya desde ayer, la prensa lo ha difundido: un puñado de funcionarios corruptos, nada nuevo. Sin embargo, aunque desde el principio todo apuntaba a que no había nada más, algunos se apresuraron a intentar obtener réditos.

Sorprende que el primero en apuntarse al juego fuera Don Alfredo. Debemos suponer que todo un Ministro del Interior, ideólogo y fontanero del PSOE y del gobierno, tenga la mejor información. Si ya la tuvo cuando estaba en la oposición, mucho más ahora, evidentemente. Por tanto, es fácil calificar sus declaraciones de ayer, por lo que yo sé aún no desmentidas ni matizadas, en las que sembraba la duda de que no sólo fuesen funcionarios los implicados en la trama de corrupción. El propio director general de la Policía y de la Guardia Civil, Joan Mesquida, ha tenido que ser el encargado de dejar a su jefe en evidencia y ha desmentido la información de Rubalcaba.

Como era de esperar, la cadena SER se lanzó también al abismo intentando pringar a Gallardón a cualquier precio con el asunto. No se cansaron de difundir mentiras relacionando la operación "guateque" con el caso "Malaya", y reavivando las inmundas estrategias de Miguel Sebastián -más conocido por "Miguel ¿qué?"- en las que sumergía al alcalde de Madrid en turbios asuntos de faldas y corrupción urbanística.

Una vez más asistimos a un ejercicio de intoxicación promovido nada menos que por el ministro del Interior y magnificado por la parcial emisora vocera del gobierno, la SER, que no duda en alinearse con sus amos aunque esto suponga inventarse terroristas suicidas. No dejéis de leer el resumen que de todo ello publica El Semanal Digital, es bastante esclarecedor. Nos cabe preguntarnos, por tanto, qué clase de profesionalidad y honradez asiste a esta gentuza que son capaces de mentir deliberadamente con la única intención de obtener un beneficio político o electoral. ¿Recuerdan ustedes quién hizo famosa la frase "nos merecemos un gobierno que no mienta"?

Ampliación:
Cuando escribí el post, esta misma mañana, no conocía aún la iniciativa del PSOE madrileño que sólo confirma mi tesis anterior: son carroña en busca de carnaza. Hace falta tener pocas luces y mucha moral retorcida para comparar el ayuntamiento de Madrid con el de Marbella. Pedir una comisión de investigación es un juego, da igual lo que cueste, lo importante es que "nosotros no tememos nada que perder y si pillamos algo..."

Segunda ampliación:
Pues tengo que volver a editar el post porque el inefable Pepiño -cuánto juego da- nos ha salido con la pregunta de "quién es el autor intelectual" del caso. No acierto a comprender si, como afirma Libertad Digital, busca una implicación del PP en el asunto o es que ha querido hacer una gracieta a propósito del escondido autor intelectual del 11-M. En todo caso resulta patético. Gracias Pepiño, muchas gracias, como afirma Miss Peras eres nuestro mejor aliado.

miércoles, 4 de abril de 2007

Parecidos irracionales

La demagogia es un arte muy antiguo. Consiste, básicamente, en hacer escuchar al pueblo aquello que precisamente le agrada oír, con el único objetivo de permanecer en el poder. Es, por tanto, un intento de perpetuarse que lleva consigo -el propio diccionario de la RAE así lo contempla- una implícita degeneración de la democracia.
Estos guiños al electorado se intensifican cuando el gobierno de turno carece de otros argumentos y recurre sistemáticamente al ataque frontal a sus adversarios y a la utilización de obsoletos argumentos que en otro tiempo les pudieron ayudar a cosechar buenos resultados.
Acabo de leer el último apunte en el cuaderno de pepe blanco (él mismo lo escribe así, es más "pogre" con minúsculas) y he recibido una sobredosis, espero que no letal, de esta mencionada demagogia. En el comentario, el insigne socialista se pregunta ¿Adónde va Rajoy? y su interrogante le sirve de pretexto para articular un discurso en el que enarbola los consabidos argumentos en contra del PP y sus dirigentes. Y, como siempre, acusando a la oposición de lo que él mismo ejemplifica: no tener argumentos políticos. De vez en cuando me doy una vuelta por allí, es sana curiosidad, y siempre he comprobado la obsesión de este señor: el ataque sistemático a Rajoy, Acebes, Zaplana... y a todo el PP. No se ha olvidado de Aznar, por supuesto, al que brinda su envenenado recuerdo ya desde su autógrafo perfil -incluso alguno de sus fieles lectores y aduladores se permite aconsejarle que abandone esas obsesiones y que escriba de política, lamentable-. Eso sí, siempre autoenvuelto de púrpura y seda, ofreciéndose al respetable pero no permitiendo comentarios anónimos a sus posts y teniendo habilitada la moderación de los mismos, es decir, toda aportación es previamente bendecida por su santidad. Debo suponer que esa criba tiene la intención de ofrecer a sus lectores sólo aquello que le interesa. ¿No sería más honesto salir al ruedo a pecho descubierto?
Pero este abuso de la más pura demagogia, por mucho que lo diga el diccionario de la RAE, no es preceptivo únicamente de los estados democráticos. El populismo que invade hispanoamérica nos aporta innumerables ejemplos. Ejemplos que, bajo el paraguas de una revolución bolivariana, socialista o popular, esconden regímenes cuasi totalitarios o muy próximos a dictaduras, eso sí, disfrazadas de izquierdismo. Incluso el temible e incendiario presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, es un experto usuario de esta demagogia desde su atril, realmente lejano a un régimen democrático.
El caso de Irán es realmente sorprendente. La utilización de explosivos discursos presidenciales mantiene al pueblo en un estado de constante efervescencia próximo a la irracionalidad. Se ha lanzado el mensaje de que "Occidente es el enemigo" y se alienta a las masas a que afilen las uñas de sus zarpas en previsión de uso. Este tórrido mensaje al pueblo se complementa con la constante provocación internacional en una intención que se me escapa. Si lo que se busca es la reacción, entiendo que es una insensatez. Si es una demostración de fuerza, desde occidente no se entiende más que como una amenaza de descerebrados islamistas radicales. Me preocupa.
¿O no es de preocupar el discurso del presidente de toda una nación que anima a eliminar del mapa al estado de Israel, que niega el holocausto judío, que tensa la cuerda de las relaciones internacionales con la carrera nuclear, que se jacta de la fuerza de los suicidas como "recurso", que mantiene secuestrados como rehenes a quince soldados británicos...? Y todo ello envuelto en demagogos discursos en los que se atreve, por ejemplo, a pedir a Gran Bretaña que, ante la próxima liberación de los soldados, no los "castigue por haber dicho la verdad". Sublime.
Y, por último, ruego públicamente a Miss Peras que me disculpe por haber utilizado gran parte de los argumentos con los que ella se me adelantó anteayer, un par de entradas más abajo, como siempre con mejor pluma que la mía.
Hoy, miércoles santo, como miles de cofrades de toda España, miro al cielo implorando que cese la lluvia. La que moja y la que escuece.
Feliz Semana Santa.