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lunes, 3 de diciembre de 2007

Mañana no estaré allí

Mañana tendrá lugar la concentración acordada por todos los grupos políticos del arco parlamentario. Yo no estaré. No estaré porque la ciudadanía española no puede tolerar más astucias políticas ni más intereses de última hora, porque, acercándose como se acercan las elecciones, las víctimas del terrorismo siguen siendo víctimas del terrorismo etarra, de la complicidad peneuvista, de los ataques furibundos de NaBai y de las vergonzosas negociaciones del PSOE y de ERC. No pondré mi voz, mi presencia, mi tiempo ni mi alma en una concentración a la que asistirán los desfachatados miembros del Gobierno, los secuaces peneuvistas y los encubridores de ERC.

Pero ningún interés puede causar que yo anuncie que no estaré en esa pérfida concentración de mañana, como tampoco que recuerde en todas aquellas en las que sí he estado. Sí puede tener más interés para los lectores, quizá, que exponga las razones por las que creo que el Partido Popular, siempre cercano a las víctimas del terrorismo, se ha puesto de hinojos ante el Gobierno y ante aquellos cuyo objetivo es desmenuzar nuestra Nación y ceder ante los criminales. Puedo comprender la rapidez con la que el Gobierno ha preparado esta concentración para mañana, lo abyecto de un Ejecutivo que ha despreciado a las víctimas del terrorismo para tenderle la mano a los asesinos, el interés político que esta concentración encierra detrás de la pancarta que empujarán las desleales manos de quienes han sido protectores de ETA; puedo comprenderlo, sí, pero no puedo comprender, más que en términos electorales y políticos, lo que está haciendo nuestro partido. ¿Cómo pueden firmar un manifiesto conjunto con los que han sido auténticos protagonistas del fortalecimiento etarra? ¿Cómo pueden concentrarse mañana, y pedirnos a las bases que lo hagamos también, con los que han vendido España a los terroristas sin más precio ni condición que unos meses sin matar, o con la intención de que no atentaran en Cataluña? ¿Cómo podemos ser tan estúpidos de creernos esa milonga de “todos unidos frente al terrorismo”? Me niego, queridos lectores, me niego a soportar que haya alguien que pueda tragar con este cuento de buenismo y moralejas de bonito final.

Yo no estaré en esa concentración porque tampoco lo estarán las víctimas, entre otras cosas porque no han sido consultadas, porque no se han escuchado sus voces desde el mismo Gobierno, porque jamás se han sentado a hablar con ellas para tratar de comprender el inmenso dolor que les abruma. No estaré porque, aunque nuestro partido siempre ha estado con ellas, aunque hemos apoyado todas sus concentraciones y momentos de dolor, en el teatro de mañana no hay butacas reservadas para ellas. Ellas no asisten a este tipo de engaños políticos, porque conocen perfectamente cuáles deben ser las medidas a tomar por quienes quieren terminar con ETA: la vuelta al Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, la ilegalización inmediata de ANV y PCTV y la revocación de la resolución parlamentaria que permitía al Gobierno negociar con ETA si estos dejaban las armas. Esos son los pilares reales que podrían sostener una verdadera intención de terminar con ETA. Lo demás, la concentración de mañana, no es más que una actuación política de primer orden.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Lo que yo vi

Fuimos muchos. Tal vez menos de la mitad de los muertos -hasta ahora- de la guerra de Irak, pero muchos al fin y al cabo. Cada uno lo vio a su manera. Cada uno lo ha contado a su manera. Yo, desde dentro, lo vi aproximadamente así... y así lo cuento.


A las 16.30, media hora antes del inicio de la manifa, no se podía llegar por la calle Serrano al punto de inicio, la Puerta de Alcalá (al fondo).















Leí mensajes.




























































La Puerta de Alcalá, apenas la vi.














Vi gente mayor.













Vi gente muy mayor.




















Vi gente joven.




















































Vi gente muy joven.























Vi banderas, muchas banderas.




























Vi el helicóptero de Telemadrid y la gente saludando ("Ahora diréis, que somos cinco o seis...")













Vi espectadoras.



































Vi a Tarzán.















Vi reporteros.





























Vi tíos feos... y chicas guapas.











Vi cómo la brisa hacía ondear miles de banderas de España.







Vi salir el sol...









Y soñé.