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viernes, 12 de octubre de 2007

Los jóvenes amamos España

Comienzo mi singladura en este océano de ideas en los primeros minutos después de atravesar el telón que ha dado paso al día de la Hispanidad. Podría escribir mis primeros renglones haciendo una acerada crítica del Gobierno que nos desgobierna desde hace más de tres años y menos de cuatro, encrespando todavía más mis nervios con los continuos disparates de ciertos presidentes autonómicos o hilvanando unas escuetas líneas sobre los grandes aciertos y fallos de nuestro Partido. Podría hacer todo eso, sí, pero prefiero centrarme en un asunto que, hoy más que nunca, preocupa a un nutrido catálogo de jóvenes españoles y que, por añadidura, afecta directamente al futuro de nuestra Nación.

No tengo que remontar mi memoria mucho tiempo atrás. Tan sólo unas horas, las suficientes como para situarme en el siempre perezoso despertar de esta misma mañana. Situación: Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid / Hora: 10:30 aproximadamente / Suceso: un grupo de jóvenes de una asociación universitaria se disponen a celebrar un acto de homenaje a la bandera de España. Su intención es izarla en el solitario mástil de la propia Facultad, recibiendo la negativa por parte del Rectorado puesto que de esta forma “se evitan incidentes” y, además, “sólo podría realizarse en caso de ser un acto solemne”. A pesar de los impedimentos puestos en el camino por el Rector -por cierto, hermanísimo de Iñaki Gabilondo-, los estudiantes no se amilanan y cuelgan la bandera de España de uno de los árboles de la entrada, hacen sonar el himno de España y leen un manifiesto en defensa de los símbolos nacionales y del día de la Hispanidad. Lo que no esperaban los orgullosos patriotas era lo que apareció en escena: medio centenar de encapuchados profiriendo amenazas de muerte y graves insultos -¡fascistas!- contra unos estudiantes cuyo único delito era el de homenajear la hostigada bandera de todos los españoles. Pensareis que, al menos, no lograron hacer de la bandera un volcán en erupción. Pues no lo lograron, no, porque no fueron capaces de hacerse con ella. Los mecheros, queridos lectores, ya estaban frotándose las piedras. Por suerte, los miembros de la Policía se presenciaron a tiempo para evitar lo que podría haberse convertido en un campo de batalla; escoltaron a los estudiantes hasta sus respectivas Facultades, pusieron paz en una guerra de agresores y agredidos y, lo que todavía no logro entender, se marcharon sin realizar identificaciones ni detenciones.

Si leyera estas líneas el indecente ministro de Justicia, diría que el acto de homenaje a la bandera española se celebró con una total normalidad democrática. Pero lo cierto es que, aunque la sangre no llegara al río y la bandera no fuera hecha cenizas, lo ocurrido esta mañana en la Universidad Autónoma de Madrid no sólo es condenable por lo que supone una agresión física contra un grupo de jóvenes demócratas, sino también por esa degeneración del Rector que, a su juicio, izar una bandera de España en un mástil puede provocar incidentes. Pues entonces, tal y como defendería Montilla en estos casos, lo mejor será arriar toda bandera de España que pueda provocar tensiones o sensaciones incontrolables de violencia en quien la observe. ¿No es así?

Los jóvenes amamos nuestra bandera. No lo hacemos porque sea más o menos bonita -que la nuestra lo es-, ni tampoco porque su tacto sea más o menos placentero. Amamos la bandera de España como símbolo de nuestra Nación, que también es la Nación de los encapuchados de esta mañana, de los periodistas sin escrúpulos, de los políticos corruptos, de los agresores de la libertad, de los mercenarios y los blandos de espíritu. Nuestro himno, nuestra bandera, nuestra Historia, nuestras tradiciones, nuestro lenguaje, nuestros paisajes, nuestras tierras castellanas y vascas, nuestra libertad, nuestra cultura y sabiduría, nuestra música y literatura, nuestros conquistadores y militares, nuestra Monarquía, nuestra vida… Hoy, queridos lectores, han tratado de ultrajar nuevamente lo que nos pertenece a todos los españoles. ¿Cuándo terminará esta batalla?

Disfrutad enormemente de nuestra Fiesta Nacional.